martes, 30 de enero de 2007

Juventud Activa

Ideas


Cuenta la historia griega que cuando comenzaba a formarse la guerra de Troya, la madre de Aquiles le preguntó: “-¿Iras a la guerra?- , Si no vas: serás feliz, tendrás una buena esposa e hijos; mas nadie sabrá de tu existencia. Si vas: morirás, pero el mundo recordará tus hechos, ellos te inmortalizarán aun cuando de tu cuerpo nada haya.” Según sigue la narración, Aquiles toma la segunda opción y mas tarde se consolida como el gran héroe troyano. El apóstol pablo aún sabiendo lo que le deparaba en Jerusalén, ni un solo segundo desistió en la idea de ir a la ciudad; sabiendo de antemano que no regresaría a salvo de ese lugar. Hombres como estos visionaban un futuro glorioso, intangible y eterno, transcendían de su presente y se proyectaban con miras a obtener y cumplir sus anhelos, sin importarles que en el intento de conseguirlo, su vida se expusiera. En los últimos días he escuchado expresiones impregnadas con cierto toque de preocupación en la voz de quienes nos dirigen, que sin darle lugar a la duda nos invitan a reflexionar sobre nuestra visón, misión, esencia, aspiraciones, no solo en nuestras vidas sino en la Iglesia del Señor. ¿Quién nos remplazará cuando nuestras fuerzas nos abandonen? ¿Quiénes sustentarán la Iglesia dentro de unos 10 años?, ¿Dónde están nuestros sucesores? , si buscas darle repuesta a estos interrogantes, ellos te conducirán a ti; ¡Si: a nosotros los jóvenes!; por generaciones hemos sido vetados con pronunciables marcas de inmadurez, emocionismos, irresponsabilidad, facilismo, materialismo y un sin número de calificativos nada alentadores; la seriedad y la madurez no figuran en nuestros adornos y desafortunadamente tiene base y respaldo lo afirmado. Es difícil cambiar la mentalidad de una gran masa, pero de no hacerlo así, no accederíamos a la confianza de nuestros superiores y en su descenso a la tumba la preocupación y la incertidumbre serian sus compañeras. Pienso con toda certeza, que el tiempo de reorientar nuestros propósitos ha llegado, de dejar los sueños que solo alcanzan tú y tus imaginarios y no cobijan a nadie más, es momento de fijarnos metas con fundamentos provechosos y duraderos, planeando no solo para el hoy o para mañana, sino para años. La Iglesia necesita de nosotros, de JÓVENES CON IDEAS CLARAS, con firmes propósitos, con visión del futuro, comprometidos, con amor a la causa, con ideas grandes y benéficas para la obra de Dios. Jóvenes con miras a pasar por la vida, no que la vida pase por ellos; y a su paso dejar huellas como el Apóstol Pablo ó Aquiles, que aún sabiendo lo difícil y lo humanamente ilógico que resultaba el reto, pensaron en un futuro no inmediato. Jóvenes que con actos desobligados sin buscar hacer sentir bien a otros procuran que sus hechos queden grabados, alcanzando no solo un registro en el libro de la vida, o en el de los grandes hombres que aportaron al sostenimiento de la Iglesia; ganando no solo la admiración de las futuras generaciones, sino también un espacio en sus recuerdos, logrando con ellos que sus legados sigan existiendo aún después de sus muertes. Y… tú ¿Como ves tu futuro?

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